sábado, 16 de enero de 2010

TROSTKI NO EXISTE, por Manuel M. Navarrete



Introducción

Si en este planeta existen recursos para todos pero muchos mueren de hambre, y eso es consecuencia directa del capitalismo, y sólo podemos destruir el capitalismo organizándonos, entonces se hace imprescindible pasar revista al panorama de la izquierda organizada, es decir, de la única oposición existente al capitalismo y el hambre. Pasando revista, lo primero que nos llamará la atención será la infinita división y subdivisión de estas fuerzas, en ciertas ocasiones motivada por bases programáticas (por ejemplo, la división que existe entre Izquierda Unida y la izquierda extraparlamentaria), pero en otras debida a prejuicios mutuos o, peor si cabe, a distintas lecturas de hechos históricos del pasado (como en el caso de dicha izquierda extraparlamentaria, que se encuentra fraccionada hasta la impotencia política).
Recuerdan aquella escena de La vida de Brian? Brian le pregunta a unos hombres si son del Frente Judaico Popular y estos le contestan: “¡Vete a la mierda! ¿Frente Judaico Popular? Somos del Frente Popular de Judea” (http://www.youtube.com/watch?v=hMvcjzEKTMw). Pues así se siente uno muchas veces, como en una película de los Monty Python, como si estuviéramos insensibilizados contra el hecho de que no se nos puede tomar en serio; y todo por confundir, como decía Galeano hace unos días, unidad con unanimidad, política con religión, divergencia con herejía.
Es curioso rastrear el origen del enfrentamiento que, en el seno del islam, se desarrolla entre sunnitas y chiitas. Resulta que Mahoma no dejó un sucesor oficial, así que, a su muerte, sus seguidores Alí y Muawiya se enfrentaron entre ellos, siendo derrotado el primero. Mas de mil años después, sus partidarios continúan divididos, y a partir de una simple pelea sucesoria han inventado imbricadas teorías por las que enfrentarse. Algo parecido sucede hoy día con el enfrentamiento que, en el seno del marxismo-leninismo, separa a trotskistas y estalinistas. Resulta que los comunistas nos encontramos insensatamente divididos por el enfrentamiento (en muchos sentidos personal) que tuvieron dos hombres hace 80 años, en una mera pelea sucesoria a la muerte de Lenin.
Por supuesto, si el propósito de este trabajo fuera otro, debería ahondar en el estudio de los condicionantes históricos que rellenan de contenido una pelea sucesoria, como codificación histórica de los conflictos sociales. Sin embargo, sería una simplificación ingenua del marxismo decir que Alí y Muawiya se enfrentaron para defender sus respectivos ideales. ¿Es que para el marxismo no existen la ambición personal entre las motivaciones de los personajes históricos? ¿Es idealismo aludir a un enfrentamiento personal? Puestos a hacer metáforas forzadas al estilo del marxismo dogmático y vulgar, ¿por qué no ver en el supuesto enfrentamiento político una superestructura, cuya base fuera una lucha por el poder tras la muerte de Lenin? Podemos analizar, por ejemplo, qué factores materiales han motivado que en unos países el trotskismo haya tenido arraigo a posteriori y en otros no (o incluso analizar factores como la psicología de masas, la necesidad de una figura “diferente” a lo que realmente se alcanzó en la URSS y la insatisfacción consecuente). Pero eso sigue sin explicar lo acontecido en el Partido Bolchevique durante los años 20 del siglo XX.

Una superación dialéctica

Hoy en día, y menos por evolución que por desaparición política, quedan pocos estalinistas (al menos “estalinistas” que se reconozcan en dicha denominación y que den culto a la imagen del personaje histórico); en cambio, podemos encontrar bastantes activistas y partidos que se reconocen como “trotskistas” y, en función de ello, se dividen de otros partidos (e incluso entre sí, celosos por ver quién efectúa la exégesis más ortodoxa de los textos del profeta armado y luego desarmado).
Sin embargo, Trotsky no existe, ni Stalin tampoco. Y no sólo porque ambos hayan muerto y no puedan venir, por tanto, aquí a “hacernos” la revolución; sino porque de hecho nunca existieron (en las versiones icónicas que sus respectivos seguidores nos han legado). Ni Stalin fue el glorioso padre infalible de la revolución, ni Trotsky el adalid antiburocrático y antirrepresivo que se nos quiere vender.
No se trata de negar el destacado papel de Trotsky durante la Revolución Rusa, ni su destreza como teórico y escritor; tampoco se trata de justificar las falacias vertidas contra él durante los Procesos de Moscú de 1936-38, su cruel asesinato (o el de sus hijos) u otros crímenes cometidos. Para mí no se trata de jugar a “trotskistas” y “estalinistas”. Si algún día esto pudo significar algo y la gente pudo morir por ello, hoy no es más que una pelea de bar que divide nuestras propias fuerzas. De lo que se trata es de hacer una modesta reflexión, escrita por un compañero más de los que está cansado de ciertos clichés que ya sólo sirven para perder credibilidad, en eternos debates que no afectan a la vida de (ni interesan a) nadie. Porque un estudio serio y sosegado de la historia acaba por desacreditar el maniqueísmo. Y porque nuestra táctica ahora debe ser el reagrupamiento de las fuerzas anticapitalistas que no se hayan integrado en el sistema.
¿Realmente tenemos un objetivo diferente? A nivel de propuestas concretas y dentro de la izquierda extraparlamentaria, ¿hay tanta diferencia entre los partidos “trotskistas” y los “estalinistas”? ¿No abogan ambos por la construcción de una sociedad lo más democrática posible, que evite repetir los errores de la experiencia soviética, pero que emule sus logros? Si la única diferencia es a nivel de interpretación del pasado histórico (es más, a nivel de conceptualización de dicho juicio: “defectuoso pero aceptable por ser mejor” versus “mejor pero defectuoso e inaceptable”), ¿vale la pena dividirse por ello? Entonces, se me dirá, ¿para qué tratar este tema, por qué hablar de ello? Porque para mí no se trata de callarlo, ni de olvidarlo, ni de “sustituirlo” por otra cosa. Para mí no se trata de matarlos a todos, sino de tragárselos vivos, es decir, de efectuar una superación dialéctica y crítica de ambas tendencias. Como diría Apollinaire, no podemos llevar a todos sitios el cadáver de nuestro padre, pero como diría Gabriel Aresti, de lo que se trata es de que la casa de nuestro padre siga en pie.

La inexistencia de Trotsky

En 1919 Trotsky promulgó el Decreto de Rehenes, ordenando secuestrar a la familia de todo oficial que desertara del ejército. Indignado por el hecho de que no se cumpliera su orden, en telegrama al Consejo Militar Revolucionario de Serpujov, Trotsky insistiría: “la mala conducta o la traición provocará el arresto de sus familias” (aún en 1939, poco antes de ser asesinado, Trotsky seguirá defendiendo el sistema de rehenes en el artículo Su moral y la nuestra). En marzo de 1921 lanzó a 50.000 soldados del Ejército Rojo contra los obreros de Kronstadt, después de que estos se sublevaran contra el Estado socialista al que acusaban, paradojas de la historia, de “burocratismo” (entre sus reivindicaciones estaban la libertad de palabra y de prensa para todos los partidos obreros o anarquistas, la liberación de los prisioneros políticos socialistas, la reactivación de los soviets sin injerencias del Partido, etc.) La represión de Kronstadt se saldaría con centenares de fusilamientos. En el X Congreso de los bolcheviques, celebrado también en 1921, Trotsky propuso la total subordinación de los sindicatos al Estado, el Partido y el Ejército. Es más, ya en su documento Tesis sobre la transición entre la guerra y la paz, había propuesto Trotsky el llamado “comunismo de guerra”, es decir, una militarización total de la población, de modo que el Estado decidiera dónde debía trabajar cada persona, del mismo modo que el Ejército Rojo decidía dónde debía ubicarse cada soldado. En contra de dicha propuesta se creó la Plataforma de los Diez, compuesta, entre otros, por Lenin y Stalin. La propuesta de Trotsky fue rechazada por el congreso, por 336 votos contra 50. En este X Congreso, además, Trotsky votó a favor de la prohibición de las fracciones dentro del Partido Bolchevique.
Los ejemplos podrían ser innumerables. ¿Trotsky antiburocrático? Pero, es más, ¿Lenin antiburocrático? ¿Y cómo se hacía la política entonces? Por ejemplo, cuando se decide firmar la Paz de Brest-Litovsk, ¿se convoca un referéndum para que las masas populares decidan democráticamente? ¿O la realidad es que se reúnen en una mesa siete líderes del Partido y allí lo deciden? Como denunciaron los consejistas (duramente criticados por Lenin, que les atribuía una “enfermedad infantil”), el control obrero sólo tuvo una existencia efectiva en Rusia durante apenas unos meses. Ya en diciembre de 1917 se crea el Vesenkha (Consejo Supremo de la Economía Nacional), compuesto de comisarios políticos y expertos nombrados por el Partido. Un decreto del 3 de marzo establece que en las empresas nacionalizadas se someterán “todas las declaraciones y decisiones del comité de fábrica o de taller, o de la comisión de control, a la aprobación del consejo económico administrativo”. Lenin lo escribirá claramente: “hemos pasado del control obrero a la creación del Vesenkha”. También en marzo de 1918 se promulga la Constitución Soviética, que centraliza el poder en detrimento de los soviets (consejos obreros). Y en el VIII Congreso (1919) Lenin dirá: “los soviets que, según el programa, son órganos de gobierno por los trabajadores, son en realidad órganos de gobierno para los trabajadores, ejercido por la capa avanzada del proletariado y no por las masas trabajadoras”. Como escribió John Reed, “A pesar de la autonomía local, los decretos del comité Central Ejecutivo y las órdenes de los delegados son válidos para todo el país”. Por lo que respecta al pluripartidismo, todavía en marzo de 1922, Lenin escribía en el Informe político del Comité Central al undécimo congreso del Partido que “las manifestaciones públicas de menchevismo son penadas con la muerte por nuestros tribunales” (por no hablar de la represión contra los anarquistas, que puede consultarse en Vsevolod Volin). Rosa Luxemburgo fue muy critica con la recién acontecida Revolución Rusa, escribiendo que “esta dictadura debe ser obra de la clase y no de una pequeña minoría que dirige en nombre de la clase”, porque “ahogando la vida política en todo el país, es inevitable que la vida en los soviets mismos esté cada vez más paralizada. Sin elecciones generales, sin libertad ilimitada de prensa y de reunión, sin lucha libre entre las opiniones, la vida se muere en todas las instituciones públicas, se convierte en una vida aparente donde la burocracia es el único elemento activo”. Vale la pena recordar que Rosa Luxemburgo murió en enero de 1919, es decir, casi una década antes del acceso de Stalin al poder. Una línea parecida defendería por esas mismas fechas la Oposición Obrera, encabezada por Alexandra Kollontai. ¿Y qué hay de la disolución de la Asamblea Constituyente Rusa, en enero de 1918, tras haberse convocado unas elecciones el 12 de noviembre anterior que perdieron los bolcheviques (Socialistas Revolucionarios, 17.100.000 votos y 380 diputados; Bolcheviques, 9.800.000 y 168 diputados)?
Desde luego, todas estas medidas han de verse en su contexto. Es más, probablemente la mayoría de ellas fueran decisiones acertadas y, por desgracia, necesarias. Pero una cosa es decir que quizá fueran necesarias, y otra muy distinta decir que eran buenas en sí mismas. Lo que no se puede hacer es manipular la historia, como si antes de 1924 (fecha de la muerte de Lenin) la Unión Soviética fuera un paraíso y desde entonces un infierno. De hecho, en todas las líneas de fuerza lo que existe es continuidad, tanto en las luces como en las sombras, y el mito del “corte de 1924” es una completa arbitrariedad carente de rigor. Es probable que mis palabras dejen estupefactos a aquellos que se han acostumbrado a cierta manera de razonar (de no razonar, quiero decir), según la cual si eres partidario de un régimen, debes justificar todas y cada una de sus acciones, negando todos aquellos aspectos que sean negativos o incluso cuestionables. También puede ser que otros se estén dando cuenta de cosas que jamás se habían planteado. No es una cuestión de inteligencia; ni siquiera de erudición. Sencillamente se trata de promover que, en nuestras organizaciones, los militantes piensen por sí mismos, en lugar de enseñarles una retahíla que han de repetir como borregos. Por lo demás, admito estar haciéndole el debate a los sectores atrasados de estos movimientos, que (nadie lo niega) cuentan con teóricos de altura, pero ¿para qué debatir en las alturas, mientras la formación media de los militantes perpetúa el estilo de cliché, el divisionismo y los falsos debates, imposibilitando, como decimos, la generación de una alternativa que a la gente de la calle le suene creíble?

Otros mitos sorprendentes

Hay más mitos: por ejemplo, el mito de la identidad entre Lenin y Trotsky. La realidad, avalada por toda la historiografía solvente sobre el periodo, es que Lenin y Trotsky mantuvieron un fortísimo antagonismo político durante años. En Nuestras tareas políticas (1904) Trotsky rechazó la concepción del partido que propugnara por Lenin en su obra de 1902 Qué hacer. Para Trotsky, Lenin era“el dirigente del ala reaccionaria de nuestro partido” y su concepción del partido suponía un “sistema de sustitución política” de la clase obrera. No en vano Trotsky era en aquella época un dirigente de los mencheviques. No estoy, además, descontextualizando ninguna frase, porque esa obra entera, al igual que el Informe de la delegación siberiana (también de 1904), son furibundos ataques contra la política de Lenin. Pero todavía en febrero de 1917, Lenin afirmaba, en carta a Inés Armand, lo siguiente: “¡Así es Trotsky! Siempre fiel a si mismo, se revuelve, hace trampas, finge ser izquierdista y ayuda a la derecha cuando puede”. Y en la última carta al congreso de Lenin, que se ha venido considerando su “testamento político” (a pesar de que Trotsky estuvo tan interesado como Stalin en que no saliera a la luz), Lenin (que ante todo -y deberían tomar nota nuestros particulares “chiitas y sunnitas”- trataba de evitar una escisión en el partido) afirmaba que Trotsky estaba “demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”. Paradójico en quien se ha considerado a sí mismo el paladín de la lucha antiburocrática; aunque no tanto si consideramos, como Otto Rühle, que “Trotsky no quiere reconocer que él fue uno de los fundadores de la burocracia rusa”. Lo que queda claro en ese “testamento” es que, para Lenin, ninguno de sus sucesores está a la altura de las circunstancias. Eso por no hablar de las agrias diferencias entre Lenin y Trotsky acerca de la Paz de Brest-Litovsk, que Trotsky se negaba a firmar (a pesar de la promesa de los bolcheviques a las masas: darles “paz y pan”).
También es un mito que realmente existieran diferencias políticas entre Trotsky y Stalin durante los años 20. La crítica literaria actual considera que la tradicional (por ejemplo Menéndez Pelayo) se equivocaba al considerar que el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo eran dos tendencias opuestas; como aclara Blecua, en realidad estamos ante una falsa dicotomía, porque, aunque sus cabecillas se odiaran mutuamente, son movimientos afines y con raíces compartidas. Algo similar ocurre con el trotskismo y el estalinismo. La escenificación de una supuesta polémica entre “socialismo en un solo país” y “revolución permanente” no resiste un análisis crítico. Dada la derrota de la revolución alemana, no existían más que dos posibilidades: o acometer la construcción del socialismo en la URSS, o enviar al Ejército Rojo a imponer el socialismo pisoteando Europa. Si Trotsky no proponía esto segundo, ¿era sencillamente un derrotista? Es sorprendente que nadie conteste nunca a esta sencilla pregunta, pero obviamente se trata de una falsa dicotomía: se puede compatibilizar perfectamente la construcción del socialismo con una política internacionalista y revolucionaria.
Más tarde, Trotsky compilará sus ideas en La revolución permanente (1930), afirmando, por ejemplo, lo siguiente: “Un país colonial o semicolonial, cuyo proletariado resulte aún insuficientemente preparado para agrupar en torno suyo a los campesinos y conquistar el poder, se halla por ello mismo imposibilitado para llevar hasta el fin la revolución democrática”. No sólo es una frase derrotista, dogmática y etapista (¿no culpaban a Stalin de eso?), sino que, además, si esta es la teoría de la revolución permanente, la misma historia del siglo XX le quita la razón. De hecho, todas las revoluciones, no ya democráticas sino en muchos casos incluso socialistas, que se han producido desde la escritura de este texto hasta la actualidad se han dado en países coloniales o semicoloniales (Yugoslavia y Albania, 1945; Corea del Norte, 1948; China, 1949; Bolivia, 1952; Cuba, 1959; Argelia, 1962; Vietnam, 1975; Nicaragua, 1979... y podríamos incluir el Chile de Allende y la Venezuela de Chávez), siendo protagonizadas no por el proletariado industrial (inexistente o insignificante en esos países, y en la mayoría de los países del mundo), sino por el campesinado (con frecuencia organizado en guerrillas). Si como Marx en la Crítica del programa de Gotha pensamos que “cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas”, ¿a quién creer, a nuestros ojos, o a un libro escrito hace 8 décadas?

Separar la paja del grano

Sin embargo, así nos va. La historia se analiza ad hoc, porque cada cual intenta justificar a su personaje histórico favorito. Si Stalin (en lugar de Lenin) hubiera propuesto la NEP, el trotskismo diría que las concesiones al capitalismo de la NEP suponían una traición a la revolución. Como fue al contrario; como lo que hizo Stalin fue detener la NEP para colectivizar y planificar toda la economía, se quejan de que esta colectivización fuera forzosa. Por activa o por pasiva, la conclusión ha de ser siempre la misma, porque está prefabricada. Sin embargo, Trotsky proponía exactamente lo mismo: colectivizar, sin haber especificado en ninguna parte que dicha colectivización debiera hacerse de manera sólo voluntaria. Por tanto, las acciones de Trotsky, aunque fueran extremadamente represivas o burocráticas, se justifican como necesidades impuestas por las durísimas circunstancias (la guerra civil, por ejemplo); y no les falta razón al hacerlo. Sin embargo, se actúa como si las circunstancias de la época de Stalin fueran una especie de idilio, a pesar de que estas circunstancias supusieran la mayor colectivización de toda la historia humana y una de las mayores invasiones también de toda la historia (que acabaría provocando 25 millones de bajas soviéticas). Sin el menor rigor metodológico, se afirma que todo lo bueno es gracias a la economía planificada, y todo lo malo por culpa de Stalin. A pesar de que el burocratismo existía antes y existiría después de Stalin, se denomina a este fenómeno “estalinismo”, término del que, además, se abusa de manera simplista para referirse a todos aquellos comunistas que no sean trotskistas. De hecho, cuando cae la URSS en 1991, se corona a Trotsky como el profeta o futurólogo que supo preverlo. ¿No se equivocaba por un siglo entero de revoluciones encabezadas por el campesinado de países semicoloniales, pero acierta cuando la URSS cae en el 91?
Lo peor de esta manera de enfocar las cosas, de este marxismo anquilosado, es que impide separar la paja del grano, e imposibilita hacer la crítica seria que en efecto necesitamos y que, aun reivindicando con orgullo los logros del socialismo, debe hablar del cambio de paradigma que no se dio en la Unión Soviética y que en el futuro sólo podrá darse tomando ejemplo lo que los revolucionarios latinoamericanos denominan Poder Popular.

Contra la cita descontextualizada

Hasta aquí he hablado de la forma de entender el marxismo que considero inoperante y estéril. Trataré ahora de oponer una alternativa, exponiendo qué es lo que yo defiendo.
Esta forma de entender el marxismo mitifica y rehúye el análisis concreto de la circunstancia concreta, apostando por repetir fórmulas del pasado y hacer un calco mimético de la experiencia rusa, incluso aunque estemos ante circunstancias históricas o geográficas completamente diferentes. Algo así como ponerse un abrigo de pieles en pleno verano sevillano porque, de estar en Rusia, sería necesario. Como diría Salvador Allende, cada país tiene su propia vía al socialismo. Pero la izquierda del Estado español, quizá excluyendo a la izquierda abertzale (véanse para ello los análisis de Euskal Herriko Komunistak), sigue teniendo cierta tendencia a la escolástica.
Cada secta esgrime su cita descontextualizada para justificar su política. Pero todo el mundo sabe que con un poco de tiempo y habilidad pueden buscarse citas al uso de Marx o Lenin para justificar algo o lo contrario. Si estás a favor del Frente Popular, acudes a La lucha de clases en Francia, donde Marx defiende la posibilidad de una alianza del proletariado con sectores de la burguesía, para derrotar a la aristocracia alemana. Si estás en contra, encontrarás, y además en la misma obra, que Marx rechaza toda alianza de clase cuando habla de Francia, porque allí ya se ha hecho la revolución burguesa. Si quieres justificar la apuesta por Comisiones Obreras, descontextualizas La enfemerdad infantil del izquierdismo en el comunismo, de Lenin; si te opones a ella puedes aludir al análisis sindical del II Congreso de la III Internacional Socialista (o a la misma creación de Comisiones Obreras, en detrimento del sindicato vertical OSE). Falta siempre un conocimiento operativo de las obras de Marx, Lenin y otros, que implica asimismo el conocimiento exacto de las coyunturas políticas concretas en que dichas obras fueron concebidas, así como la consideración del marco desde el que partimos nosotros. Todo esto se sustituye por el fetichismo de la cita descontextualizada que preside análisis y textos, en una batalla de frases infantil y paternalista que no invita a pensar por uno mismo.

Cambiar lo que deba ser cambiado

En mi opinión, debemos tomar de cada autor lo que nos interese: de Trotsky, de Stalin, de Mao, de Althusser, de Mandel, de Gramsci, de Mariátegui, de Rosa Luxemburgo, del Che Guevara (e incluso de autores anarquistas, como Malatesta)... O los aceptamos a todos, o buscamos figuras más incluyentes, que no dejen fuera a la mitad de los comunistas. No se puede predicar “la unidad de los comunistas” de otro modo. Debemos aprender de todos ellos y de muchos más, pero siempre enfrentándonos a nuestra realidad concreta. Sobre todo, debemos efectuar una reapropiación crítica del marxismo, con el objetivo irrenunciable de la colectivización de los medios de producción. No es eso lo que hay que superar; sin embargo, cada uno de los líderes de cada una de las revoluciones socialistas han efectuado una reapropiación crítica de sus predecesores.
Superar es adaptar las tesis fundamentales del marxismo a las nuevas circunstancias. De no haber superado a Marx (o, al menos, a la lectura de Marx que efectuaba su tiempo), Lenin no habría podido hacer ninguna revolución en Rusia; habría adoptado la tesis del introductor del marxismo en Rusia, Georgi Plejanov, según la cual había que esperar a que se produjera un desarrollo capitalista, a que surgieran las “condiciones objetivas” (un proletariado industrial moderno), etc. Tomando las obras más divulgadas, esa era efectivamente la tesis más marxiana, la más apegada a la doctrina del barbudo alemán (aunque en rigor, el propio Marx de la vejez, por ejemplo en 1882, fecha de su prefacio a la edición rusa del Manifiesto comunista, ha superado ya al joven Marx, economicista y etapista, de 1848; y admite, ahora sí, la posibilidad de una revolución en Rusia antes que en los países industriales). Más allá de Plejanov, Lenin le dio la vuelta a determinados aspectos de este primer marxismo economicista en El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), donde expuso la “teoría del eslabón más débil”, que trataba de demostrar la probabilidad de que la cadena del imperialismo se rompiera no por Alemania, sino por el eslabón más débil: Rusia. También matiza de manera importante la tesis marxiana de la “autoemancipación del proletariado”, arguyendo en el ya aludido Qué hacer lo siguiente: “Los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. (...) La clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos”, si bien años más tarde aclarará que exageró esta postura porque la polémica con los economicistas le obligaba a hacer excesiva fuerza en esa dirección, como para enderezar un bastón torcido. Tal vez el concepto de autoemancipación en Marx sólo pueda comprenderse correctamente como una afirmación a una escala histórica, superior; con todo, es innegable que el leninismo refuerza la importancia del factor subjetivo.

El marxismo como creación heroica

Si Lenin supera a Marx (o a “cierto” Marx), nosotros debemos superar a Lenin y superarlos a todos, como ya hemos dicho. Marx defendía que la ideología está condicionada por los límites de cada época. Aplicando la metadialéctica, el propio Marx está condicionado por su época: el siglo XIX, la época del positivismo. Marx comete un craso error: el eurocentrismo. Como recordaba en un artículo reciente el comandante de las FARC-EP Jesús Santrich, comentando el libro de Nestor Kohan Marx en su (tercer) mundo, Marx hizo un análisis muy deficiente de la figura de Simón Bolívar, atacando al Libertador por haber emancipado a Latinoamérica del imperialismo... un imperialismo que habría acelerado la llegada de la etapa capitalista, la creación de un proletariado industrial y, por tanto, el socialismo. Por no hablar de Engels, que festejó así la conquista de California por parte de EE UU: “Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. (…) ¿O acaso es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían que hacer con ella?”
Hay que ser dialécticos, hay que renovar el marxismo constantemente; el marxismo no puede sonar a una cosa muy vieja llena de polvo. El comunismo debe ser un movimiento teórico-práctico en constante cuestionamiento de sí mismo. Como dijo Mariátegui, “el socialismo latinoamericano no debe ser calco ni copia, sino creación heroica”. El europeo tampoco, añadiríamos nosotros. Hay que superar el eurocentrismo, el dogmatismo, la deshistorización, la pedagogía de la repetición, el sectarismo, la cita mecánica, la extrapolación de experiencias... Para ello, propongo leer a aquellos autores renovadores del marxismo, que practican un marxismo abierto, antidogmático, adaptado al mundo actual, como Nestor Kohan, Carlos Fernández Liria, Luis Alegre Zahonero, Santiago Alba Rico, Slovaj Zizek, Terry Eagleton, Marta Harnecker (que ha sabido evolucionar desde el DIAMAT hacia el marxismo abierto), James Petras, Carlo Frabetti, Iñaki Gil de San Vicente... Podemos diferir en muchas cosas; aprovechar otras; pero, al menos, estaremos creando, estaremos pensando nuestra propia realidad... en lugar de repetir fórmulas del pasado.

Contra el monoazulismo quijotesco y la vanguardia

Sin este enfoque renovador, antidogmático; sin este comunismo del siglo XXI es imposible comprender experiencias como la Revolución Bolivariana de Venezuela o el Movimiento de Liberación Nacional Vasco, sencillamente porque son espacios antiimperialistas que permiten crecer y acumular fuerzas para la lucha por el socialismo; procesos de integración que nos interesa que avancen, aun con sus contradicciones o peculiaridades. De ahí que los sectores más ortodoxos del trotskismo y el estalinismo no comprendan la necesidad de apoyar estos procesos sociales.
El marxismo anquilosado nos lleva al obrerismo monoazulista (calco quijotesco de Marx; enfoque que, en el mundo actual, deviene irreal y que, además, pasa por alto que casi todas las revoluciones socialistas han sido campesinas) y al vanguardismo (calco no menos quijotesco de Lenin, que lleva a las organizaciones comunistas a disputarse la dirección de los movimientos, dinámica que acaba por destruirlos). Debemos, por un lado, participar en los movimientos sociales, no sólo en el movimiento obrero; y, por otro, poner nuestras organizaciones, su capacidad logística y su experiencia organizativa al servicio de las luchas, en lugar de intentar liderarlas.
Por otra parte, ceñirse a un solo autor, dividirnos por matices, puede ser una necesidad en otras circunstancias históricas; pero en una situación de extremo repliegue, de subsunción real en el capital, sólo nos lleva a la ridícula sopa de letras que describimos al inicio de este escrito, situación más propia de los Monty Python que de la realidad misma.

Conclusión

No se trata, en suma, de unirse con quien sea y para lo que sea. Se trata de identificar la verdadera brecha, que no es entre trotskistas y estalinistas, sino entre los que deciden pactar con el sistema y entre quienes deciden (quienes decidimos) romper toda colaboración con el mismo. Se trata, además, de saber identificar cuál es nuestro papel aquí y ahora, lo que supone una superación dialéctica, crítica y creativa del legado teórico de los clásicos del marxismo. Se trata, por último, de renunciar a la jerga, a todo ese caudal de terminología decimonónica que sólo consigue espantar y que jamás podrá encajar en el mundo subjetivo del ciudadano medio. Sólo así, y en el seno del movimiento obrero y de los movimientos sociales, podremos reconstruir unos hábitos de actuación política que dejen de dar la impresión de una disputa extraña, sectaria y marginal; que resulten creíbles para cualquiera, para la gente de a pie. De lo contrario, nos arriesgamos a que el comunismo se convierta en algo parecido a lo que el Macbeth de William Shakespeare afirmaba acerca de la vida: “it is a tale, told by an idiot, full of sound and fury, signifying nothing”.


viernes, 11 de diciembre de 2009

INSURGENTE, acaba de publicar una entrevista con la dirigente de CORRIENTE ROJA, Nines Maestro, con la cual hemos tenido ocasión de intercambiar opiniones en algunos foros. Más allá de posibles y lógicas diferencias con Corriente Roja, hay elementos tácticos y estratégicos en los cuales hemos confluido: el análisis de la situación económica del estado español, el papel de la izquierda independentista en la reestructuración de una izquierda solidaria a nivel del estado  y, por ello,   la contradicción de de la consigna "Tercera República".


Esto no quiere decir, reiteramos, que estemos de acuerdo en todo aquello que manifiesta CORRIENTE ROJA. Ahora bien, la situación económica, social y política del estado, necesita, urgentemente -en momentos de confusión política como los que vivimos, en muchos casos interesada, de corte reduccionista- de clarificaciones y de ciertas complicidades tácticas y estratégicas.


Reproducimos, por espacio, la parte referida a la posición política que se resume en la consigna "TERCERA REPÚBLICA". Un análisis que, de manera general, compartirmos.

La entrevista completa se puede leer, clicando sobre el título de la misma o en CORRIENTE ROJA.

COL·LECTIU ANTIFEIXISTA IÑAKI ROA RISK



¿LA LUCHA POR LA III REPÚBLICA ES ESTRATÉGICA PARA LA ACUMULACIÓN DE FUERZAS DE LA IZQUIERDA?

La lucha por acabar con el régimen monárquico impuesto por la Transición y con todo el entramado de las clases dominantes que sobre él se sustenta es, efectivamente, estratégico porque se hizo para consumar una doble derrota: la de los pueblos del Estado español tras la guerra civil y la del potente movimiento obrero y popular construido en la lucha contra la Dictadura.
Quiero abrir aquí un debate que me parece necesario.
La traición mas fuerte a los pueblos del Estado español perpetrada en la Transición fue la imposición de la monarquía. Por un triple motivo:
*porque el rey designado por Franco encarnaba, y encarna, la perpetuación del dominio de las clases dominantes vencedoras de la guerra civil y de sus aparatos de Estado.
*porque su aceptación implicaba la ruptura con la indispensable continuidad de las luchas emancipatorias y muy especialmente con el tesoro de dignidad que nos legaron quienes se dejaron la vida y la juventud en la lucha contra el fascismo en el campo de batalla aquí y al lado de otros pueblos europeos, en el exilio, en las cárceles, en las cunetas en ejecuciones extrajudiaciales y en los asesinatos perpetrados por fuerzas represivas y grupos fascistas.
*porque su papel constitucional de jefe de las fuerzas armadas, éstas a su vez garantes de la unidad de España, erigen al rey en símblo máximo del nacionalismo español más arcaico y por ello máximo baluarte frente a los derechos nacionales de los pueblos del Estado español.
La consecuencia de todo ello es que la lucha por la República es efectivamente estratégica y que sin la fuerza de la memoria de quienes nos precedieron, que con tanta saña como inteligencia pretendieron y pretenden extirparnos, no seremos capaces de reconstruir nuestras organizaciones de clase y de pueblos soberanos.

El asunto que quiero plantear es si la lucha por la III República, es decir una República del Estado español, fedral o confederal y continuidad de la II, es la formulación adecuada.

Que asumamos la enorme legitimidad histórica de la II República, no quiere decir que ignoremos errores o asuntos inconclusos. Por ejemplo, la insensibilidad del Gobierno del Frente Popular frente a la legítima lucha antiimperialista de los pueblos de las colonias africanas fue el caldo de cultivo que bien aprovechó Franco. Son hechos reales las dificultades para la aprobación de los Estatuos catalán, vasco y gallego, no llegando a consumarse los dos últimos, fruto de enormes tensiones entre el nacionalismo español republicano y los deseos de autogobierno de las nacionalidades históricas de los que partipaban ampliamente las organizaciones obreras, incluidas de forma destacada las comunistas.
Más allá dela historia de la II República, hay un hecho innegable. La identidad nacional y la reivindicación del Derecho de Autodeterminación ha servido en las nacionalidades históricas, incluida Andalucía con el ejemplo del SOC-SAT, como elemento de resistencia y dique de contención frente a la debacle política, sindical y de los movimientos populares en el resto del Estado español. Este hecho toma proporciones mucho mayores en Euskal Herria, donde el rechazo al régimen de la Transición y su reivindicación de Independencia y Socalismo ha servido para mantenr la continuidad histórica de la lucha y de sus organizaciones.
Estos hechos, a mi juicio incontestables, a los que habría que añadir realidades que desconozco más como la del pueblo canario, cántabro, asturiano, etc, no suponen que se puedan crear artificialmente “identidades nacionales” en otros lugares del Estado.

Me remito al análisis realizado anteriormente por el que se concluye que uno de los elementos claves que muestra la insostenibilidad del marco constitucional de 1978, sin duda agudizado por la crisis económica y por las fuerzas centrífugas que alimenta en sectores de la burguesía, es su incapacidad para dar respuesta a la voluntad de soberanía y autogobierno de los pueblos.

La tesis que planteo tiene dos vertientes que son inseparables:
El análisis objetivo de la realidad y el pánico desatado en los aparatos del Estado por Iniciativa Internacionalista ha mostrado con claridad meridiana que no es posible construir una alternativa política real que no plantee como dos caras de la misma moneda la emancipación de la clase obrera y los derechos nacionales de los pueblos del Estado español, frente al régimen surgido de la Transición y a sus aparatos de Estado como instrumentos de dominación en ambos frentes.
La lucha por la República, que además de su legitimidad histórica, aporta elementos cruciales de identidad popular y de memoria indispensable de continuidad en la resistencia y en la lucha emancipatoria, no puede obviar la realidad, ni la legitimidad de la lucha por la independencia de los pueblos del Estado español, ni su valor para quebrar la identidad españolista, clave en el aparato ideológico de las clases dominantes. Otra cosa serán las condicones concretas en que las luchas nacionales y de clase se manifiesten y la adecuación a las mismas que nos exijan.
En consecuencia hablar de III República, no así de la República a secas, supone negar o supeditar, el derecho de los pueblos vasco, catalán, gallego, etc, a sus legítimos objetivos de independencia. Además introduce una discusión que calificaría de absurda por extemporánea, acerca de qué será primero si el ejercicio concreto del Derecho de Autodeterminación o la República, sino fuera porque su mismo planteamiento nos aleja del objetivo central común: acabar con el régimen de la Transición monárquica.
Las conclusiones, mientras tanto, son claras:

Que la situación de crisis política y económica muestra que las clases dominantes y sus representantes políticos están ante una situación extrema, en la que los colchones de legitimidad desaparecen y su única posiblidad es acentuar la represión y la explotación.

Que en Euskal Herria su incapacidad para la propuesta política se resuelve arreciando en lo único que es capaz de ofrecer, la represión.
Que la impunidad con la que actúan es precisamente posible por el éxito conseguido en levantar un muro entre la lucha del pueblo vasco y el resto de las luchas obreras y populares en el resto del Estado.
Que en otros pueblos del Estado, el ejemplo de resistencia del pueblo vasco puede servir de pilar para la reconstrucción de nuestra memoria colectiva y de nuestras organizaciones obreras y populares, que deben llevar en su código genético el respeto por los derechos nacionales de los pueblos del Estado español.
Que a partir del compromiso real con el derecho a la independencia de los pueblos del Estado español es preciso construir, paso a paso, encuentro a encuentro, solidaridad a solidaridad, elementos de lucha conjunta frente al enemigo común: el Estado que oprime a los pueblos y el mismo Estado que representa a las clases dominantes.
Todo ello sin presuponer o anticipar marcos que encorseten proyectos políticos nacionales de cada pueblo que, legítimamente, actúen en los tiempos y en los contenidos, de acuerdo con los caminos que abra la lucha popular.

lunes, 30 de noviembre de 2009

CLARIFICANDO LA FASE POLÍTICA Y LA ESTRATEGIA

PROPUESTA DE LA IZQUIERDA ABERTZALE


0. INTRODUCCIÓN
La Izquierda Abertzale tiene una necesidad en este momento: realizar una aclaración de sobre la fase política y la estrategia independentista, para así poder desarrollar una línea política efectiva. Analizando de donde venimos y donde estamos, definir a donde y como vamos. De hecho, todos los puntos de vista, iniciativas o actividades que se puedan realizar sin tener en cuenta la última década, el último proceso de negociación o incluso la coyuntura actual, tienen un gran riesgo de deriva. Proyecciones sobre el vacío, tienen como consecuencia la improvisación y el voluntarismo.
Este documento tiene como punto de partida las lecturas realizadas sobre la trayectoria política del proceso de liberación de los últimos años, así como de la coyuntura actual. Refrescar la memoria en este sentido nos ha parecido necesario para así poder entender mejor el contenido del documento. En la misma dirección, se han introducido diferentes reflexiones y puntos de vista sobre el recorrido político realizado. No porque se prioricen unas sobre otras, ni para sentar cátedra en una dirección u otra, sino con el objetivo de tener el punto de vista más amplio posible a la hora de concretar la línea política.
En ese sentido, tenemos que remarcar el hecho de que la situación actual es consecuencia de un gran avance conseguido tras treinta años de lucha: no han conseguido estabilizar la telaraña jurídica y política derivada de la reforma realizada después del franquismo (cuyo objetivo era asimilar Euskal Herria), y como consecuencia, hemos mantenido vivas las opciones generar un profundo cambio democrático. No sólo hemos mantenido vivas las opciones de cambio, sino que las dibujamos y definimos, con sus defectos y sus fallos, en el último proceso de negociación. Además, en estas últimas décadas, hemos conseguido socializar los elementos para una solución democrática.
Con todo, hemos traído a Euskal Herria a las puertas del cambio político. 30 años después, las puertas del cambio están abiertas de par en par. Ese es el primer análisis que tenemos que hacer, análisis positivo, a pesar de que sabemos el duro camino que hemos tenido que recorrer y la crudeza de la represión actual. Ahora, el desafío es traspasar la puerta abierta tras décadas de lucha y llevar a cabo el cambio político. Existen suficientes condiciones para ello. La clave está en conseguir plasmar esas condiciones en una unión de fuerzas suficiente capaz de llevar a cabo ese cambio político, y comenzar la fase de construcción del estado Vasco; en definir una estrategia eficaz que lleve las claves de confrontación a parámetros Euskal Herria/Estados.
Ese es, en efecto, el objetivo de este documento: aclarar la fase política, diseñar una estrategia eficaz para llevar a cabo el cambio político, y dar un paso significativo en el proceso de liberación.

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http://correomilitante.entodaspartes.net/2009/11/01/izquierda-abertzale-clarificando-la-fase-politica-y-la-estrategia/

sábado, 28 de noviembre de 2009

25 años del asesinato del patriota Santi Brouard



Bodas de plata de un asesinato

“Hay vidas que, de muertas, sólo son biografías, ambiguos prontuarios de cuentos y de cuentas, acaso un mal habido patrimonio y algunos herederos peor hallados, un perro que les ladre dolientes titulares, un alcalde de encargo, un cardenal de oficio y un par de funerales.
Pero apenas la tierra se sume al homenaje y los gusanos rindan honores al difunto, de aquel ilustre muerto va a quedar, si me apuran, la misa aniversario con que la Iglesia reconforta el luto mientras la viuda quiera pagar los honorarios, y una lápida triste que recuerde un olvidado nombre y un extraviado año.
Son vidas que se pierden en el tiempo sin un beso en la espalda ni una mano en el pecho, infelizmente muertas.
Hay muertes que, de vivas, nos dan las buenas horas, nos lustran la sonrisa, nos atan los zapatos con los que andar el día, nos rondan y nos cantan los sueños que aún amamos.
Son muertes tan poco moribundas que siempre están naciendo y así no tengan visa para el cielo o el aval de la ley para la gloria van a seguir estando con nosotros, memoria que respira y pan que se comparte, dichosamente vivas” (Koldo Campos Sagaseta).
La de Santi Brouard es una de éstas.
Veinticinco aniversario del asesinato del pediatra vasco, Santi, mientras auscultaba a un niño en su consulta perpetrado por el gobierno de Felipe González y su partido del PSOE en retaguardia con pasamontañas y cubriendo las espaldas de los autores materiales. Bodas de plata del asesinato de un independentista vasco. Y bodas de plata de un silencio colaborador, encubridor y de guerra por parte del aparato represivo y judicial. El español. Entre nosotros el asesinato, las desapariciones, la tortura y los malos tratos cuentan desde años con cómplices sin los cuales serían inviables. A su alrededor se teje una red de silencio y mentira pero, lo que es más grave, también de impunidad. En el estado español se ampara al verdugo y se trata de deslegitimar la denuncia de la víctima, imposible sin la colaboración activa del aparato judicial. Es, no cabe duda, una lección amarga la enviada desde el gobierno y sus aparatos: impunidad, la misma que se envía desde los campos de concentración del mundo: ¡perder toda esperanza en la justicia y en los derechos humanos, vosotros, humanos ilusos!
“En el Laberinto: diario de interior, 1994-1996” Fernando López Agudín, director general de Relaciones Informativas y Sociales del Ministerio de Justicia e Interior -de los que era titular Juan Alberto Belloch-, cuenta que asistió a una reunión antiterrorista en Gasteiz, que “giraba en torno al dilema de si es posible o no seguir trabajando con red” o, con otras palabras, si se iba a seguir o no practicando la tortura. La decisión, como lo demuestran las reiteradas denuncias de la víctimas, de Amnistía Internacional y del relator especial de la ONU para los Derechos Humanos y la Lucha Antiterrorista, fue la de proseguir practicando la tortura. Ni que decir tiene que ante esta grave confesión la justicia ni se inmutó. Ningún juez llamó a declarar al autor. Celebramos las bodas de plata de un asesinato gubernamental al tiempo que también celebramos las bodas de oro y sangre del amén de los tribunales españoles a la tortura. Vieja lacra judicial, como revelan las fosas del franquismo.
No se puede olvidar que el grupo terrorista GAL lleva sello y cuño del PSOE y del gobierno español, y hoy entre nosotros son pocos los que dudan que el ya hace meses desaparecido Jon Anza fue nuevamente secuestrado y posiblemente torturado y asesinado cruel e impunemente por los aparatos del estado en las bodas de plata del de Santi. De un gobierno dirigido de nuevo por el PSOE y al frente del ministerio de Interior de Zapatero el portavoz del galoso Felipe González: Alfredo Pérez Rubalcaba. Todo un mensaje y un augurio de muerte.
Aquel 20 de noviembre de 1984, hace ya veinticinco años, también era otoño y hojas de mil colores se arrastraban perezosas por los suelos de la villa de Bilbo. Eran las seis y unos minutos cuando en la Alameda de Recalde 12, en la consulta del pediatra Santi Brouard, sonaron tiros de metralleta italiana y de pistola checoslovaca. A las armas dos matones a sueldo, un Ocaña y el Morcillo, en la recámaras fuerzas militares y el criminal puño del gobierno del PSOE. En la calle, el otoño hecho noche y el corazón roto y doliente de mucha gente. Y un grito unánime: `PSOE, GAL, berdin da'.
Y de nuevo el recuerdo y las palabras de Koldo Campos Sagaseta: “Hay muertes que, de vivas, nos dan las buenas horas, nos lustran la sonrisa, nos atan los zapatos con los que andar el día, nos rondan y nos cantan los sueños que aún amamos”.

Mikel Arizaleta
Publicado por kirruli kultur elkartea

Asesinado por parapoliciales hace 20 años



En 1989 fue elegido candidato de Herri Batasuna al Congreso de los Diputados por Vizcaya, siendo el tercero de la lista. En las elecciones del 29 de octubre de 1989 HB obtuvo 2 diputados por Vizcaya, pero la renuncia del histórico dirigente Tasio Erkizia, número 2 de la lista, dejó a Muguruza como cargo electo. Dentro de Herri Batasuna había ganado la tesis de participar por primera vez en las instituciones políticas españolas, ya que hasta ahora habían concurrido a las elecciones pero no habían participado en las sesiones a Cortes Generales.
La sesión de investidura en el Congreso se iba a celebrar el día 21 de noviembre e iba a contar por primera vez con participación de políticos de HB. La noche anterior, 20 de noviembre, los congresistas y senadores electos de
Herri Batasuna, entre ellos Muguruza, cenaban en el hotel Alcalá de Madrid y preparaban la estrategia para la sesión del día siguiente. Fue entonces cuando entraron dos pistoleros encapuchados en el reservado que ocupaban los dirigentes abertzales y dispararon contra el grupo, causando la muerte por heridas de bala de Muguruza y heridas graves a otro dirigente de HB, Iñaki Esnaola. Muguruza falleció en el acto. Tenía 31 años dejando viuda y una hija.
El atentado fue reivindicado por el GAL, pero el hecho de que llevara 2 años inactivo y el modus operandi del asesinato dirigieron las sospechas hacia grupos de ultraderecha ligados a las Bases Autónomas. Dos fascistas fueron detenidos acusados de ser los autores materiales del asesinato: Ángel Duce y Ricardo Sáenz de Ynestrillas. El primero de los dos fue condenado en 1993 a 99 años y ocho meses de prisión, mientras que el segundo fue absuelto por falta de pruebas. Duce, obtuvo el tercer grado unos años más tarde y murió en un accidente de circulación mientras disfrutaba de uno de esos permisos. Sáenz de Ynestrillas, hijo de un capitán golpista ascendido a comandante, que había sido asesinado por ETA, se convirtió a raíz de aquel atentado en un fascista de renombre.

lunes, 16 de noviembre de 2009

BRIAN CURRIN Y EL PROCESO DE PAZ EN EUSKAL HERRIA

Por ello, pidió que sea respaldada y garantizó que un proceso así lograría apoyo internacional.Tras haber asistido atónito a las especulaciones de medios españoles sobre su actuación en Euskal Herria -«nadie me ha llamado»-, el experto mediador sudafricano Brian Currin rompió ayer su silencio en Donostia.
En las últimas semanas, al hilo de los avances sobre movimientos de la izquierda abertzale, el nombre de Brian Currin se ha oído en muchos me- dios. Pero hasta ayer no se le había escuchado a él. Currin intervino anoche en Donostia en una conferencia organizada por Lokarri, y allí admitió que hace meses realizó un trabajo encargado por la izquierda abertzale sobre la conformación de un bloque anti-apartheid en su país en los años 80. Pero, sobre todo, confirmó que conoce la nueva estrategia política propuesta por Batasuna, y garantizó al auditorio que se trata de un planteamiento novedoso y que si se lleva a la práctica «podrá tener un efecto profundo en la escena política de Euskal Herria».

Currin fue muy explícito al resumir cuál ha sido su participación en trabajos que situó «en los últimos dieciséis meses». Mantuvo más discreción, lógicamente, sobre otras cuestiones que permanecen abiertas, pero de las que se declaró bien informado, como las opciones de apoyo internacional a un eventual proceso de paz. «No les puedo decir que Gordon Brown o Barack Obama harán declaraciones sobre lo que ocurra en el País Vasco, pero sí les digo que la comunidad internacional no se quedará callada si ve una oportunidad de lograr la paz en el último conflicto violento en Europa Occidental».
Una propuesta «encomiable»
De Currin se sabía hasta ayer que fue figura importante en la resolución del conflicto de Sudáfrica -trabajó en la Comisión de la Verdad-. También que colaboró después en el norte de Irlanda -coordinó la Comisión de Revisión de Sentencias- y ha mediado en Sri Lanka, Ruanda u Oriente Próximo. Faltaba por saber cuál era su grado de implicación en Euskal Herria. Currin lamentó que periódicamente le telefonean para infor- marle de que su nombre ha aparecido en los medios españoles, «pero nadie me ha llamado, y yo pensaba que contrastar estas cosas era parte de la ética periodística».
Tras esta queja, detalló que en julio de 2008 «líderes de la izquierda independentista» le pidieron un informe que describiera cómo las fuerzas anti- apartheid sudafricanas se unieron y lograron operar legal- mente en política. Le consta también que después, entre setiembre y noviembre del año pasado, hubo «amplias consultas» sobre aquella estrategia y sus posibles aplicaciones en Euskal Herria. «Ese documento provocó un proceso que desarrolló una vida propia. Yo no busco ningún mérito. Se examinaron las estrategias y las consecuencias. En diciembre leí que Arnaldo Otegi empezaba a hablar de un nuevo proyecto político distinto al del pasado. Sé que hubo más consultas entre diciembre y abril de este año, y que se desarrolló una posición sobre la violencia».
Llegado a este punto, Currin fue contundente: «Yo sé lo que hay en esa posición y les puedo decir que es encomiable».
«Apóyenla»
Currin había empezado su alocución aludiendo a las detenciones de Arnaldo Otegi, Rafa Díez y sus compañeros, y admitió su asombro: «Claramente, el Gobierno español parece saber que hubo consultas entre la izquierda independentista y ETA, pero si esas consultas tienen que ver con un proceso de paz, ¿cómo se va a procesar a esas personas?», se preguntó.
Ante un auditorio que no perdía detalle, el mediador sudafricano admitió que sólo puede trazar una hipótesis sobre el motivo: «Sé que hay una desconfianza mutua entre la izquierda independentista y la mayoría de los partidos, si no todos. Lo sé porque he sido testigo de ello. Puede que Madrid, y no digo esto a la ligera, desee profundizar en esa desconfianza porque no quiere que esa iniciativa tenga éxito. ¿Por qué? ¿Quizás porque el PSOE encabeza ahora el Gobierno Vasco?».
Así las cosas, Currin dejó un último mensaje, que admitió que podía entenderse «ingenuo» al formularse ante rivales políticos de la izquierda abertzale: «Creo sinceramente que ese movimiento está verdaderamente comprometido con una estrategia alternativa. Apoyen esta iniciativa. Con ello no apoyan a la izquierda abertzale, sólo apoyan un proyecto que necesita ser incluyente. Si no empiezan a confiar unos en otros, no hay nin- guna posibilidad de encontrar una solución». Le escucharon, entre otros, Juan José Ibarretxe, Joseba Egibar, Markel Olano o Aintzane Ezenarro.EL PNV, ATENTO
La conferencia del mediador sudafricano en el Kursaal generó especial interés entre los representantes del PNV. Acudieron Juan José Ibarretxe, Joseba Egibar, Markel Olano, Xabier Arzalluz...PSE: «Llamar patriota a Otegi, un despropósito»
La definición de «buenos patriotas» dirigida por Xabier Arzalluz a los últimos detenidos de la izquierda abertzale ayer en GARA suscitó reacciones de varios partidos. Especialmente molesto se declaró el líder del PSE en Bizkaia, José Antonio Pastor, que afirmó que «hay personas en este país a las que no vale la pena contestarles. Es un absoluto despropósito de un señor mayor que dice cosas y ya está». En Madrid fue preguntado por la entrevista el coordinador de IU, Cayo Lara, que opinó que las declaraciones de Arzalluz «no tienen valor político». Joan Ridao (ERC) añadió que lo interesante sería saber la intención política final de Arzalluz.GARA«La izquierda independentista debe hacer este viaje con ETA»
Frente a los tópicos instalados en el debate político, una de las ideas que reiteró Currin es la de que no cabe pedir a la izquierda abertzale una condena de ETA. Alertó de que en ese caso podría ocurrir que otra formación política ocupara su lugar: «Y habríamos retrocedido diez años». En su opinión, tiene que ocurrir justo lo contrario: «La izquierda independentista tiene que hacer este viaje con ETA».
En este punto, advirtió contra el riesgo de las prisas. «Habrá mucha gente impaciente que querrá cosas rápidas, pero un edificio que se construye sobre malos cimientos se desmorona. La paciencia es esencial».
En el turno de preguntas por parte del público, el mediador internacional fue aún más explícito. Sobre todo en el interrogante final, que le planteó si realmente cree que el Estado español está dispuesto a dar una solución al conflicto político en Euskal Herria: «Esa pregunta es muy interesante, porque es precisamente la pregunta que ETA se está haciendo en este momento, y la pregunta que podría estar haciéndole a la izquierda abertzale». A partir de ahí, Currin dio su respuesta personal: «Yo creo que para los vascos no hay posibilidad en absoluto de lograr sus objetivos con la estrategia política actual, con una organización que tiene la capacidad de poner bombas. No va a ocurrir -afirmó tajante-. Y ya que esto es así, vale la pena asumir el riesgo».
Poco antes, se había dirigido en el mismo tono a los represententes de otros partidos a quienes pidió apoyo para la iniciativa de Batasuna. Les instó a arriesgar porque ahora «no tienen nada, sólo la esperanza, y por eso sólo pueden perder la esperanza». Afirmó que sobre esa esperanza se puede construir confianza -un concepto que recalcó como imprescindible para que cualquier proceso prospere-, «y sobre la confianza se puede construir paz».
La conferencia tuvo más concreción de la que se podía prever. Como ejemplo, Currin detalló que para que la expectativa abierta se materialice harán falta dos cosas previas: «Una, crear un espacio político para que la izquierda independentista pueda operar de forma legal. Y la otra, el fin de la violencia, porque no puede haber un proceso de paz que tenga éxito mientras exista violencia o amenaza de violencia». Mirando más allá, y sin pretensión de «delimitar las agendas», recordó que en su país se excarceló rápidamente a los políticos que se encontraban presos y que se fomentó la confianza mutua.
http://www.gara.net/paperezkoa/20091029/164004/es/brian-currin-confirma-iniciativa-batasuna-define-encomiable-

jueves, 22 de octubre de 2009

EL FASCISMO AVANZA SI NO SE LE COMBATE





!que no se te olvide esta cara¡

Erdialdea * E.H

Javier López Monreal, detenido ayer en Orcoyen como presunto integrante de la trama que, bajo la denominación de Falange y Tradición, había protagonizado en los últimos meses múltiples ataques de signo fascista, fue durante algo más de un año secretario de los ayuntamientos de Pitillas y Beire. En mayo del año pasado se le nombró asesor jurídico letrado del ayuntamiento de Tafalla, como miembro consejero del Consejo de Administración de la Sociedad Pública "Ciudad Deportiva Tafalla S. A". Se le recuerda especialmente en Pitillas por su actitud prepotente con el grupo de oposición municipal Alternativa Democrática de Pitillas, y por la connivencia que mantenía con el alcalde Amador Jiménez, padre del secretario general del PSN Roberto Jiménez, para mantener a la oposición alejada de la actividad municipal y restringirle el acceso a la documentación, actitud que era compensada con una desacostumbrada flexibilidad laboral y trato de favor en general.
Este grupo fascista, que dio públicamente la bienvenida al gobierno de Patxi López en la Comunidad Autónoma Vasca, se ha distinguido entre otras cosas, por el carácter xenófobo de las pintadas que realizaron en la zona de Baztan y Malerreka. Precisamente Javier López Monreal formó parte en alguna ocasión de la candidatura que presentó el grupo España 2000, caracterizado por su posición extremadamente hostil frente a la inmigración.